REFUGIOS EN LA CARBALLEIRA DEL LÉREZ
Cerdedo-Cotobade
Habitar entre los árboles y, al mismo tiempo, sobre ellos. Este proyecto nace de una premisa: integrarse en el paisaje de una carballeira tradicional gallega. La arquitectura no se impone, sino que busca un diálogo sincero con la topografía, los árboles centenarios y los antiguos muros de piedra a través de una intervención diseñada para dejar la mínima huella posible en el terreno.
Dado que la gran altura del bosque impediría disfrutar del entorno desde una cota convencional, el proyecto propone una superposición en dobles alturas para asomarse por encima de las copas. Es allí donde la arquitectura logra dominar el paisaje del río Lérez y atrapar las puestas de sol, regalando una percepción interior flotante y etérea, en contraste con la escala íntima y recogida de los módulos que permanecen más cerca del suelo.
El acceso se convierte en un recorrido mediante un sistema de pasarelas que nacen desde las curvas de nivel más favorables, serpenteando con pendientes suaves y fluidas que se adaptan de forma natural al terreno.
Al agrupar los refugios en estructuras dobles, logramos reducir el impacto sobre el suelo a la mitad. Su implantación precisa en las cotas bajas asegura que la panorámica se preserve intacta desde la zona peatonal y la capilla, mientras que, en planta, cada módulo se orienta meticulosamente para cumplir un doble objetivo: esquivar limpiamente los robles centenarios y garantizar las mejores vistas al río sin que las cabañas se interrumpan visualmente entre sí.
A nivel constructivo, apostamos por un volumen compacto de planta cuadrada que optimiza la superficie útil y minimiza la fachada, resolviendo el reto de la orientación oeste de manera bioclimática. Las cabañas bajas aprovechan la protección del bosque caducifolio en verano y su radiación en invierno; por su parte, los módulos que emergen sobre las copas incorporan sistemas de protección solar exterior y ventilación cruzada para mitigar la carga térmica de la tarde, complementando el gran alero de la terraza.
Hacia el interior, el espacio se fragmenta según su nivel de intimidad: la zona de día se vuelca por completo a la luz y a la naturaleza a través de generosos ventanales, mientras que la zona de noche se recoge en sí misma, utilizando el volumen del baño como filtro arquitectónico para otorgar privacidad desde el umbral de entrada.
A nivel material, la cubierta ligera se independiza de la estructura portante para proteger las fachadas de la climatología y potenciar la sensación de ligereza. No buscamos la abstracción geométrica artificial; mostramos la estructura de madera de forma honesta, limpia y evidente, inspirándonos en la lógica constructiva y tectónica de nuestros hórreos para crear un objeto coherente que pertenece, sencillamente, al lugar.